
Chile está envejeciendo con rapidez, pero buena parte de sus viviendas sigue diseñada para personas jóvenes, sin dificultades de desplazamiento y capaces de subir escaleras, entrar a baños estrechos o sortear desniveles sin apoyo.
El Instituto Nacional de Estadísticas proyecta que las personas de 60 años o más, que representaban un 18,1% de la población en 2022, podrían llegar al 32,1% en 2050. La esperanza de vida, además, superaría los 85 años hacia mediados de siglo.
Este cambio demográfico plantea una pregunta concreta: ¿están preparadas las casas chilenas para acompañar a sus habitantes durante las distintas etapas de la vida?
La accesibilidad en el hogar suele abordarse cuando ya existe una urgencia: una caída, una operación, la pérdida progresiva de movilidad de una persona mayor o el retorno a casa de alguien que necesita usar una silla de ruedas. En ese momento, las familias deben tomar decisiones con rapidez y muchas veces sin conocer las alternativas disponibles.
Sin embargo, una vivienda accesible no es una casa con apariencia clínica ni un espacio destinado exclusivamente a personas con discapacidad. Es una vivienda que puede ser utilizada de forma segura, cómoda y autónoma por niños, personas mayores, usuarios de ayudas técnicas o alguien que atraviesa temporalmente una recuperación médica.
“Muchas familias comienzan a buscar una solución cuando subir la escalera ya se volvió difícil o peligroso. Nuestro llamado es a anticiparse. Evaluar la vivienda antes permite comparar alternativas, cuidar el presupuesto e integrar las soluciones de mejor manera al espacio”, señala Marina Aguirre, directora de Marketing y Ventas de Tecnoaccesible.
No todas las viviendas requieren la misma intervención
La respuesta depende de la distribución de la casa, los desniveles, el ancho de circulación, el tipo de escalera y las necesidades de quienes viven en ella.
En algunos casos, una rampa portátil puede resolver un desnivel puntual. En otros, puede ser necesario instalar una silla salvaescaleras, una plataforma o un elevador domiciliario que conecte dos pisos. También hay ajustes aparentemente menores — como mejorar la iluminación, retirar obstáculos o incorporar superficies antideslizantes— que reducen riesgos y facilitan el desplazamiento cotidiano.
La Ley N.º 20.422 define la accesibilidad universal como la condición que permite que entornos, productos y servicios sean utilizados por todas las personas de manera segura, cómoda y lo más autónoma posible. La misma normativa entiende el diseño universal como la incorporación de esas condiciones desde el origen, en lugar de agregarlas cuando el problema ya está instalado.
Aunque la regulación establece exigencias especialmente para edificios de uso público, servicios a la comunidad y nuevas edificaciones colectivas, sus principios también ofrecen una guía útil para las decisiones que se toman dentro del hogar.
