Una invitación a una ceremonia, una reunión de trabajo, un restaurante o una actividad pública supone algo bastante básico: que la persona invitada podrá entrar y participar.
Sin embargo, una escalera, un desnivel, un ascensor fuera de servicio o un acceso inadecuado pueden convertir una actividad cotidiana en una experiencia de exclusión.
La Corporación Ciudad Accesible puso recientemente el tema sobre la mesa a través del artículo “Discriminación arquitectónica: la exclusión también se construye”, a partir de distintos casos ocurridos en Chile. Su reflexión apunta a algo que muchas veces se pasa por alto: cuando la infraestructura impide que una persona entre, trabaje o participe, la barrera deja de ser solamente un problema constructivo.
De reaccionar ante la barrera a anticiparse a ella
En Chile, la normativa incorporó el concepto de ruta accesible, que busca asegurar un recorrido continuo que permita acceder, circular y utilizar los espacios sin obstáculos que dificulten el desplazamiento. Pero el desafío no termina en cumplir una exigencia normativa.
Una empresa puede tener un acceso principal adecuado y descubrir que la sala donde realizará un evento está en otro nivel. Un hotel puede contar con habitaciones adaptadas, pero tener barreras para acceder a determinadas áreas comunes. Una oficina puede disponer de ascensor, pero quedar sin alternativa cuando ese equipo entra en mantención.
La pregunta, entonces, debería hacerse antes: ¿pueden todas las personas realizar el
recorrido completo de manera segura?
Rampas, salvaescaleras y plataformas: la solución depende del espacio
No existe un único equipo capaz de resolver todas las barreras arquitectónicas. Dependiendo de la infraestructura, la frecuencia de uso, el desnivel y las características de quienes utilizarán el espacio, puede evaluarse una rampa para silla de ruedas, una plataforma elevadora, un salvaescaleras u otro sistema de accesibilidad.
“La accesibilidad no debiera comenzar cuando una persona llega y descubre que no puede avanzar. Lo adecuado es evaluar previamente el espacio y definir una solución que permita desplazarse de manera segura y con la mayor autonomía posible”, explica Juan Pablo Astorga, director general de TecnoAccesible.
Esta mirada preventiva adquiere especial importancia en edificios existentes, donde muchas veces no es posible modificar completamente la infraestructura y es necesario encontrar soluciones compatibles con el espacio disponible.
Accesibilidad universal también es planificación
La discusión planteada por Ciudad Accesible permite llevar el tema un paso más allá: no basta con reaccionar frente a una persona que necesita ayuda. Planificar accesibilidad significa revisar accesos, desniveles, circulaciones y alternativas antes de que se produzca el problema.
Porque una buena solución de accesibilidad no es la que aparece cuando alguien queda frente a una escalera. Es aquella que permite que esa escalera nunca se transforme en la razón por la que una persona quede fuera.
¿Necesitas evaluar una solución de accesibilidad para una empresa, edificio o espacio de uso público? En Tecnoaccesible podemos orientarte sobre las alternativas disponibles según las características del lugar.
