Elevadores de Piscina - Elevador Fijo F145B

Cada verano, piscinas municipales, hoteles, centros deportivos y condominios se transforman en espacios de encuentro. Sin embargo, para una persona con movilidad reducida, llegar hasta el borde de la piscina no significa necesariamente poder utilizarla.

Puede existir una ruta accesible desde el estacionamiento, un camarín adaptado e incluso una rampa de ingreso al recinto, pero si no hay una forma segura de entrar y salir del agua, la experiencia continúa incompleta.

La discusión cobra relevancia en un país donde más de 3,2 millones de personas presentan algún grado de discapacidad y donde la proporción de personas mayores seguirá aumentando durante las próximas décadas.

“Una piscina puede cumplir con varias condiciones de acceso y aun así excluir a una persona en el momento más importante: cuando quiere entrar al agua. Muchas familias conocen esa barrera solo cuando llegan al lugar”, explica Marina Aguirre, directora de Marketing y Ventas de Tecnoaccesible.

Acceder al recinto no es lo mismo que acceder al agua

Las escaleras verticales o los bordes elevados pueden impedir el ingreso autónomo de personas mayores, usuarios de silla de ruedas o personas que atraviesan procesos de rehabilitación.

Los elevadores de piscina permiten realizar una transferencia controlada desde el borde hacia el agua, reduciendo el esfuerzo físico y la necesidad de levantar manualmente a la persona. Dependiendo del modelo, pueden instalarse de manera fija o utilizar sistemas desmontables y transportables.

Su elección exige evaluar dimensiones, profundidad, borde, superficie de anclaje, capacidad de carga, disponibilidad eléctrica o hidráulica y tipo de uso. No es lo mismo una piscina residencial que una instalación municipal con alta rotación de público.

También debe revisarse el recorrido completo: estacionamiento, acceso, recepción, camarines, duchas y circulación hasta la piscina. La Ley N.º 20.422 establece como principio la accesibilidad universal de entornos, bienes, productos y servicios, entendida como la posibilidad de utilizarlos de manera segura, cómoda y autónoma.

La compra en diciembre suele llegar tarde

Una de las dificultades es que muchas organizaciones comienzan a buscar soluciones cuando la temporada ya está en marcha.

Antes de instalar un elevador debe verificarse su compatibilidad con el lugar, definir el modelo, coordinar disponibilidad, traslado, instalación, capacitación y eventuales adecuaciones. Cuando se trata de equipos importados, los tiempos logísticos también deben incorporarse a la planificación.

“El verano no comienza cuando sube la temperatura. Para una institución que quiere abrir su piscina con mejores condiciones de accesibilidad, comienza varios meses antes. Agosto y septiembre son momentos adecuados para evaluar, tomar medidas y definir la solución”, señala Marina Aguirre.

La planificación anticipada también permite capacitar al personal. El equipo no reemplaza el acompañamiento ni los protocolos de seguridad: los encargados deben conocer su operación, inspección básica y límites de uso.

Una inversión que amplía el público

Para hoteles, centros turísticos y clubes, mejorar la accesibilidad no solo responde a un criterio de inclusión. También amplía el universo de usuarios y familias que pueden utilizar la infraestructura.

Una persona con movilidad reducida rara vez visita sola un hotel, piscina o centro recreativo. La barrera que afecta a un usuario puede condicionar la decisión de un grupo familiar completo.

En condominios, la incorporación de una solución accesible permite que residentes mayores, personas en rehabilitación o visitantes con discapacidad participen de un espacio común financiado por toda la comunidad.

En el caso de los municipios, una piscina accesible puede fortalecer programas de rehabilitación, deporte adaptado, recreación y envejecimiento activo. La accesibilidad, en ese contexto, deja de ser un elemento aislado y pasa a formar parte de la calidad del servicio.