
Transportar una silla de ruedas, subir a una persona al automóvil o realizar una transferencia hacia el asiento original puede convertir un traslado cotidiano en una tarea compleja para muchas familias.
La primera reacción suele ser pensar que se necesita comprar un vehículo completamente nuevo. Sin embargo, dependiendo del automóvil, la silla de ruedas y las características del usuario, existen sistemas que permiten adaptar vehículos ya disponibles.
El interés por estas soluciones también se refleja en las búsquedas digitales. Durante julio, términos vinculados con “adaptación de vehículos para discapacitados”, “adaptaciones de vehículos” y “transporte accesible” estuvieron entre los que generaron más contactos para Tecnoaccesible.
“Muchas personas llegan preguntando cuánto cuesta un vehículo adaptado, cuando en realidad todavía no saben qué parte del traslado necesitan resolver. A veces la dificultad está en subir la silla; en otras, en transferir a la persona o permitirle acceder viajando en su silla de ruedas”, señala Marina Aguirre, directora de Marketing y Ventas de TecnoAccesible.
Tres necesidades distintas
La adaptación puede responder, en términos generales, a tres situaciones.
La primera es cargar una silla de ruedas en el maletero o interior del vehículo. Para ello existen grúas y sistemas de elevación que reducen el esfuerzo físico y evitan que una persona deba levantar manualmente equipos pesados.
La segunda es facilitar la transferencia desde la silla de ruedas hacia el asiento original del automóvil. Equipos como las grúas eleva personas permiten realizar este movimiento de manera controlada, con menor esfuerzo para el usuario y su acompañante.
La tercera es permitir que la persona ingrese al vehículo permaneciendo en su silla de ruedas. En ese caso pueden requerirse rampas, plataformas elevadoras, rebajes de piso, sistemas de anclaje y cinturones específicos.
No todas estas soluciones son compatibles con todos los vehículos. La altura interior, ancho de puertas, capacidad eléctrica, distribución de asientos, peso del equipo y estructura del automóvil determinan qué alternativas pueden implementarse.
La evaluación debe considerar al usuario y a quien lo acompaña
El objetivo no es solo que el sistema funcione técnicamente, sino que pueda utilizarse en la vida diaria.
Debe analizarse quién conducirá, quién operará el equipo, cuánto pesa la silla, cuántos traslados se realizan, si la persona puede colaborar en la transferencia y cuánto espacio necesita la familia para equipaje u otros pasajeros.
“Una adaptación que requiere demasiados pasos o esfuerzo termina utilizándose menos. Por eso buscamos que la solución sea segura, pero también práctica para la rutina real de cada familia”, explica Marina Aguirre.
La autonomía en el transporte es un componente relevante de la participación social. Permite acceder al trabajo, educación, salud, actividades familiares y espacios recreativos.
La Ley N.º 20.422 establece que el Estado debe adoptar medidas para asegurar la accesibilidad de las personas con discapacidad al transporte público y su infraestructura de apoyo. El Decreto N.º 142 regula características de accesibilidad para esos medios.
Aunque las adaptaciones de vehículos particulares responden a una realidad distinta, comparten el mismo objetivo: reducir las barreras que limitan el desplazamiento y la vida independiente.
Evitar soluciones improvisadas
Una rampa o anclaje instalado sin evaluación puede generar riesgos para la persona, la silla y los demás ocupantes. Las modificaciones deben considerar el peso que soportarán, la resistencia de los puntos de fijación y la operación segura durante el movimiento del vehículo.
También es fundamental que el usuario reciba una explicación clara sobre funcionamiento, mantenimiento y límites del equipo.
“Adaptar un vehículo no consiste simplemente en agregar un accesorio. Es intervenir un espacio donde las personas deben viajar seguras. La asesoría, instalación y soporte posterior son parte esencial de la solución”, concluye Marina Aguirre.
